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Palabras del Presidente Felipe Calderón Hinojosa en la ceremonia de apertura de la 15ª Sesión Ordinaria de la Asamblea de la Unión Africana

25/07/2010

Kampala, Uganda, 25 de julio de 2010 SRE/ Versión Estenográfica.

Excelentísimo señor Yoweri Kaguta Museveni [Yogüéri Kagúta Musevéni], Presidente de la República de Uganda;
Excelentísimo señor Bingu wa Mutharika [Bíngu guá Mutaríka], Presidente de la República de Malawi y Presidente de la Unión Africana;
Excelentísimo señor Jean Ping [Yán Pín], Presidente de la Comisión de la Unión Africana;
Excelentísimos señores Jefes de Estado y de Gobierno de los países de la Unión Africana;
Distinguidos representantes de las distintas delegaciones;
Señoras y señores representantes de organismos internacionales;
Distinguidos invitados especiales;
Señoras y señores:

Es un verdadero privilegio participar como invitado de honor en esta Ceremonia de Inauguración de la Décimo Quinta Sesión Ordinaria de la Asamblea de la Unión Africana. 

A nombre de todos los mexicanos, les agradezco esta distinción. En mi país tenemos muy presente que en África está una parte significativa de nuestras raíces. Los mexicanos somos el mestizaje de los pueblos milenarios que vivieron en nuestra tierra y de quienes arribaron de África y Europa.

Quiero expresar a nombre de los Mexicanos y estoy seguro de los latinoamericanos nuestro repudio a los actos terroristas registrados aquí  recientemente y nuestra profunda solidaridad con el pueblo y el gobierno de Uganda.

En este 2010, los mexicanos estamos celebrando 200 años de Independencia y estamos honrando el crisol de culturas que dieron origen a nuestra patria. Este año de celebraciones coincide con el 50 aniversario de la independencia de muchas naciones africanas. Los mexicanos los felicitamos por esta trascendente celebración.

Hoy los países del mundo no tenemos solamente que esforzarnos para afianzar nuestra libertad y las libertades de nuestros ciudadanos, sino también para heredar a nuestros hijos, y a las próximas generaciones, un mundo más sustentable, un mundo que nos dure para siempre, y ese es el motivo de que yo me dirija en este día a esta respetable asamblea.

Con gran objetividad, la activista keniana Wangari Maathai, Premio Nobel de la Paz en 2004, ha dicho que “es evidente que muchas guerras se disputan por los cada vez más escasos, recursos naturales. Si los conserváramos mejor, no tendríamos que pelear por ellos, por lo cual proteger el medio ambiente es una acción directamente relacionada con el mantenimiento de la paz. Todos aquellos que entendemos los complejos conceptos ambientales, estamos obligados a actuar. No debemos desistir, no debemos darnos por vencidos, debemos persistir”.

Durante años, la humanidad ha causado graves daños al medio ambiente, a nuestra casa común. Con ello, se ha puesto en riesgo la viabilidad misma de nuestra civilización. África es la región que menos emisiones genera y en consecuencia es la menos responsable del cambio climático.  Pero es la región que puede sufrir más sus desastrosas consecuencias. Por lo mismo, África puede ser la región más beneficiada si llegamos finalmente a un acuerdo eficaz en Cancún. Hoy África, y todo el mundo, padece más sequías y al mismo tiempo más inundaciones con efectos perniciosos para nuestras poblaciones. Los pueblos asentados en los litorales se ven amenazados por el incremento del nivel del mar.

En este continente, es muy alarmante que casi el 90 por ciento de la cubierta de hielo de los glaciares en el monte Kilimanjaro ha desaparecido. El cambio climático pone bajo riesgo a muchas especies silvestres de África. Se prevé un aumento de las precipitaciones en África oriental y, al mismo tiempo, un mayor riesgo de sequía en el África meridional. Se estima que el incremento en la temperatura y la probabilidad de que llueva en ciclos más cortos e intensos pueden incrementar la propagación de enfermedades, como por ejemplo el paludismo. La escasez de agua afectará la agricultura y especialmente el suministro de agua potable incrementando la incidencia de infecciones bacterianas como la diarrea, debido al agua contaminada y a la escasez de alimentos. Lamentablemente, a menudo son los niños y sus madres los que son más vulnerables a estos riesgos.

Por ello, el cambio climático debe ser una consideración importante en este foro, dedicado a examinar la salud materna e infantil.

Hoy más que nunca es necesario tomar medidas efectivas para detener el cambio climático. Yo soy un firme convencido de que sí podemos cambiar el curso de los acontecimientos. Se trata de un desafío global que exige una respuesta global.

Contamos con un marco legal sólido, la Convención Marco sobre Cambio Climático y el Protocolo de Kyoto, pero resulta claro que el mundo no ha cumplido con las obligaciones que dicho marco establece. Aún no tenemos los incentivos necesarios para promover el cambio generalizado hacia economías bajas en carbón, ni los instrumentos adecuados para alentar la transferencia de recursos financieros y tecnología de los países desarrollados a los países en vías de desarrollo.

Superar esta situación requiere el concurso de la comunidad internacional en su conjunto. Todos los países, desarrollados y en desarrollo, estamos obligados a contribuir de alguna forma. Contribuirán más, con recursos y con tecnología, quienes están en condiciones de hacerlo, que son los países desarrollados. Quienes no cuenten con recursos o con tecnologías, deberán contribuir asimilando y potenciando la ayuda internacional con medidas de adaptación y, sobre todo, mitigación en áreas estratégicas como tecnologías limpias, eficiencia energética, energías renovables, biocombustibles, reforestación y conservación de suelos, entre otras. Esos recursos internacionales pudieran y deberán también destinarse por ejemplo a la construcción de presas en África, porque del enorme potencial hidroeléctrico de África, que es energía limpia y responsable, sólo se ha aprovechado menos del 10%.

Hoy los países en desarrollo contribuyen con la mitad del total de emisiones de bióxido de carbono a nivel global. Esto significa que incluso si los países desarrollados redujeran drásticamente sus emisiones no resolveríamos el problema del cambio climático. Por tanto, todos debemos contribuir con lo mejor de nuestras habilidades, puesto que todos sufrimos las consecuencias. Ésta es la esencia del principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas.

A finales de año en Cancún, México, tendremos la oportunidad de tomar decisiones efectivas para hacer frente a este fenómeno, en el marco de la Decimosexta Conferencia de las Partes de la Convención de Naciones Unidas sobre Cambio Climático y de la Sexta Conferencia de las Partes del Protocolo de Kyoto.

Estoy convencido de que en Cancún, todos los países de la Tierra podremos hacer una contribución esencial en la lucha contra el cambio climático. Por eso, he venido a escuchar la voz y a pedir el apoyo de los países africanos, puesto que el combate a las causas y los efectos de este problema, como muchos otros importantes temas de la agenda internacional, no podrá ser analizado a cabalidad, y en última instancia resuelto, sin el concurso de las naciones de este continente.

Si logramos un acuerdo global acuerdo global, las acciones en materia de cambio climático recibirán un mayor apoyo internacional. Serán un instrumento de crecimiento, una herramienta en la lucha contra la pobreza y una fuerza a favor del desarrollo social.

Hay muchos aspectos en los que todos los países debemos ponernos de acuerdo en Cancún y para ello es crucial la participación de los países de África.

Primero. Si bien se han alcanzado logros muy importantes en materia de adaptación, Cancún puede dar lugar a mejores mecanismos, incluyendo la transferencia de tecnologías y el acceso a fondos de financiamiento por parte de los países desarrollados. Los fondos de arranque rápido anunciados bajo el acuerdo de Copenhague dan prioridad al financiamiento hacia los países más vulnerables, incluyendo los africanos.

Ejemplo de los avances en este ámbito son las acciones que ha emprendido Malawi con su iniciativa de herramientas de gestión del riesgo climático. Se ha sugerido que la edificación de muros marinos y otros proyectos de infraestructura debe ser una prioridad para África, en virtud de que muchas de sus áreas urbanas se ubican en los litorales.

En muchos países hay limitaciones institucionales y de destrezas técnicas y profesionales que dificultan el acceso a la información necesaria para tomar decisiones, diseñar estrategias y ejecutar programas en materia de mitigación y adaptación. El desarrollo de destrezas y habilidades es, por tanto, otra de las áreas en la que podemos esperar avances significativos en la reunión de Cancún.

Segundo. La tecnología será, indudablemente, el instrumento más importante para alcanzar nuestros objetivos de mitigación y adaptación. Si bien existen tecnologías útiles en el mercado, debemos asegurarnos de que estén disponibles y al alcance de los países en vías de desarrollo. Y esto es una cuestión que reiteraremos en Cancún a finales de año. Es esencial que los países en desarrollo, en especial los más vulnerables, obtengan suficiente apoyo para planear sus estrategias de adaptación y de gestión para la reducción del riesgo.

Tercero. Hace dos años se debatía si los bosques podían desempeñar un papel en la mitigación del cambio climático. Los beneficios sociales de los proyectos REDD+ (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación Forestal) son hoy incuestionables y se han comprometido recursos en virtud de que la reforestación es una medida eficaz.

Los beneficios sociales de esta estrategia están fuera de duda. Así lo hemos comprobado en México, donde hemos generado nuevos mecanismos, eficientes y transparentes, mediante los cuales se ofrece un pago a cambio de servicios ambientales. Ello permite que las comunidades campesinas e indígenas conserven sus bosques, al mismo tiempo que reciben un ingreso que les permite mejorar sus niveles de vida.

Muchos países africanos sufren las consecuencias de las sequías, la desertificación y la deforestación. A la vez, en este continente se encuentran algunos de los bosques y de las áreas naturales más grandes e imponentes del mundo. A través del proceso REDD+, varias naciones han identificado áreas en las que pueden beneficiarse de apoyo inmediato, en tanto que diversos países desarrollados han ofrecido fondos importantes para apoyar estos esfuerzos en favor de la reforestación de aquí al 2012. Estoy al tanto de que muchos de ustedes han establecido como una prioridad desarrollo de estrategias nacionales, capacidades y de destrezas en este ámbito, y de que algunos países africanos, como la República del Congo y Ghana, han asegurado nuevos recursos financieros para ese fin.

Cuarto. El financiamiento también constituye una estrategia clave en la lucha en contra del cambio climático. Se han comprometido ya 28 mil millones de dólares para los próximos tres años por parte de los países desarrollados. Por ello es tan urgente contar con proyectos concretos y avanzar en los mecanismos de medición y verificación. A la vez se han hecho avances importantes para consolidar el Fondo verde contra el cambio climático que permita canalizar 100 mil millones de dólares anuales a partir de 2020, aunque aún restan por atender asuntos importantes para su instrumentación. Éste es otro tema que debemos abordar en Cancún para asegurarnos de que fluya el financiamiento y que éste se traduzca en acciones efectivas que nos permitan combatir el cambio climático.

México buscará que se pongan a disposición de los países en desarrollo, y de África, en particular, recursos financieros predecibles y adecuados para apoyar sus estrategias en el combate al cambio climático.

Si la adaptación combate los efectos, la mitigación combate las causas del cambio climático. De ahí su importancia. En materia de mitigación es fundamental establecer compromisos claros y verificables por parte de todas las economías desarrolladas. Algunos países desarrollados han fijado metas ambiciosas, pero estamos lejos de lo que se requiere para estabilizar las concentraciones de gases de efecto de invernadero en la atmósfera.

La Convención establece la obligación de los países desarrollados de proveer a los países en desarrollo tecnología y financiamiento, dada la responsabilidad histórica de los primeros. En Cancún debemos establecer lineamientos claros y mecanismos específicos para su cumplimiento.

África no es una fuente importante de gases de efecto de invernadero. A pesar de ello, es muy alentador observar que varios países han emprendido estrategias de crecimiento bajo en carbono. Sudáfrica y Nigeria tienen iniciativas que pueden recibir el apoyo del Fondo de Tecnología Limpia. Kenia, Senegal, Mali y Mauritania han recurrido al Mecanismo de Desarrollo Limpio para promover diversos proyectos de energía limpia.

Y aunque la convención no lo prevé, es en el interés de todos los países el emprender esfuerzos de mitigación, con base en el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas y capacidades respectivas.

Señoras y señores:

Nuestras naciones ya están sufriendo las consecuencias del cambio climático. Me refiero a las inundaciones que han visto en el África Occidental y la sequía en el Oriente. Así como a los efectos negativos que estas mismas sequías han traído en las cosechas de la franja limítrofe entre el Sahara y las sabanas africanas, la región llamada Sahel [sajél]. Me refiero a la vez a los cada vez más fuertes y frecuentes huracanes que azotan mi país, como es el caso del huracán “Alex” que en días pasados dejó a su paso por el noreste de México una estela de destrucción.

Un acuerdo ambicioso de cambio climático en Cancún traerá beneficios para África y para todo el mundo. Debemos adoptar un paquete ambicioso, integral y equilibrado que conduzca a acciones eficaces. Debemos establecer el marco para una mejor instrumentación del régimen de cambio climático.

Con la voluntad política de las naciones africanas, con su apoyo y con un enfoque pragmático que tenga el objetivo claro de que podamos empezar a actuar de inmediato, Cancún 2010 podría ser el comienzo de una nueva era de acuerdos sobre el cambio climático. Es lo que nuestros pueblos están esperando.

Sin sacrificar nuestros actuales niveles de ambición o los principios centrales del régimen actual, debemos ser pragmáticos. La evidencia demuestra que debemos hacer más. Nuestras obligaciones respectivas son diferentes, pero todos tenemos obligaciones.

Debemos dar señales claras de que deseamos actuar con el sentido de urgencia que la situación exige, y de esta manera evitar que quienes han venido posponiendo el cumplimiento de sus obligaciones encuentren un pretexto y logren evadir una vez más la necesidad de actuar de inmediato.

México está poniendo todos sus esfuerzos en lograr una reunión en la que los países lleguemos a acuerdos trascendentes para la viabilidad del Planeta. Yo sé que África será la protagonista en Cancún 2010. Hagamos juntos historia enfrentando el cambio climático.

Muchas gracias.

    

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