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La lucha climática se fue por el desagüe

Chile
D.F. Diario El Financiero
27/07/2010

Los demócratas en el Senado de EE.UU. suspendieron sus esfuerzos para aprobar un proyecto de ley de cambio climático. Esta rendición concluye una historia que comenzó con el protocolo de Kyoto en 1997 y alcanzó su punto culminante en la conferencia de Copenhague sobre cambio climático en diciembre de 2009. Se esperaba que en esa reunión los gobiernos del mundo reemplazaran el sistema de Kioto con un régimen nuevo y más efectivo. Se fueron sin nada.

No importa, sonrieron Barack Obama y otros líderes con los dientes apretados: eso no evitaría que EE.UU. y sus socios siguieran adelante con sus propios planes. ¿En serio? Toda la empresa, de arriba a abajo, se vino abajo. Algunos celebrarán -los que piensan que el cambio climático es un engaño, para empezar- pero eso es un error mucho más grande.

Los gobiernos han fracasado. Es importante entender por qué, y ver lo que hay que cambiar. En EE.UU., casi todo el mundo está implicado. El Partido Republicano tiene la culpa por no haber tomado en serio el cambio climático y por oponerse sin criterio a los aumentos de impuestos que políticas significativas contra el cambio climático exigen. Bajo las normas actuales, el Senado necesita 60 votos para aprobar una ley, hay 59 demócratas, por lo que no pueden actuar solos.

Los mismos demócratas están divididos. Tendrían dificultades para reunir una mayoría en el Senado. El partido también ha estropeado los argumentos para la acción. Pretendía que el mecanismo cap-and-trade podía funcionar sin encarecer la energía e insistía en que en realidad no era un impuesto. Por supuesto que lo es y los votantes se dan cuenta cuando los están engañando.

En un año electoral, con una economía deprimida y el sentimiento volcándose contra los demócratas, aprobar el sistema cap-and-trade iba a ser difícil. Después de la reforma de la salud, un estímulo fiscal de US$ 800.000 millones, el Programa de Alivio de Activos en Problemas y un ajuste mayor de la regulación financiera, los votantes estadounidenses no tienen apetito para otra gran iniciativa. Esta puede ser la razón por la que Obama ha invertido tan poco en el tema. Dejó que cap-and-trade muriera en el Congreso. También tiene algo de culpa.

En todos estos cálculos políticos, un hecho cobra mucha importancia: los votantes están preocupados por el cambio climático, pero no tanto para demandar, o siquiera tolerar, acciones significativas. Por eso los políticos actuaron como lo hicieron. Un liderazgo más fuerte habría ayudado, sin duda. Sin embargo, hay que preguntarse por qué la opinión pública no está demandando acción. La respuesta no es, creo, que los votantes en conjunto sean estúpidos. En parte, es que la ciencia del clima ha destrozado su propia credibilidad.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático institucionalizó la idea y el escándalo Climategate de mensajes de correo electrónico abrió una ventana sobre el proceso. Lo que se suponía que era un panel desinteresado para que la ciencia orientara la política se convirtió, en parte, en un cuerpo de lobby financiado por los contribuyentes - y muy incompetente. La ciencia se ajustó para respaldar la acción y no al revés. El público no confía en científicos activistas, y con razón.

Recuperar la confianza en la ciencia del clima debe ser una prioridad. El IPCC necesita un nuevo liderazgo, un nuevo mandato y una fuerte supervisión. Los gobiernos deben dejar de subcontratar su función de promoción a un organismo científico supuestamente no político. Los científicos que exigen respeto a su experiencia tienen derecho a ello si dejan la política a los políticos. El caso para la acción sobre los gases de efecto invernadero es fuerte, pero no seguro. Deben tomarse medidas a pesar de las dudas. Eso es diferente a exigir acciones porque no hay dudas. ¿De qué otra manera deben avanzar los gobiernos? Será necesario un nuevo marco internacional y más flexible - un tema para otro momento. También es indispensable, en EE.UU. por lo menos, un debate más honesto e inteligente sobre la tributación.

La intransigencia republicana y la evasión democrática sobre este tema no sólo paralizan la política climática, sino una decisión sobre la cuestión igual de apremiante de la sostenibilidad fiscal. Tim Geithner, secretario del Tesoro, dijo que la administración podría proponer una reforma tributaria integral el próximo año. Buena idea. Que incluya un impuesto al carbono. Parte de la recaudación podría asignarse a la investigación en energía limpia y reducir algunos otros impuestos.
Republicanos, despierten: cómo se grava y cuánto se recauda son cuestiones distintas. Mientras este tema no pueda siquiera plantearse, las posibilidades de enderezar la política energética son nulas.

El contenido de las noticias que se presentan en esta sección es responsabilidad directa de las agencias emisoras de noticias y no necesariamente reflejan la posición del Gobierno de México en este u otros temas relacionados.

    

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