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Los diferentes rostros del cambio climático

Guatemala
El Periódico
10/10/2010

Parece estar de moda hablar del cambio climático y achacarle los desastres naturales que afectan al país, pero muchos de los factores que detonan el gatillo del clima están más alejados de las condiciones de la Tierra que de la exclusión social.

Durante las primeras horas de la tarde del jueves 30 de septiembre, el enorme barco de provisiones HMCS Protecteur, de la Armada canadiense, apenas si se movía. Permanecía anclado en uno de los muelles de Puerto Quetzal junto a sus compañeros de viaje, el destructor Algonquin y la fragata Vancouver.

Sobre su cubierta se llevaba a cabo una discreta pero elegante fiesta diplomática a la que asistieron como anfitriones una docena de oficiales canadienses enfundados en sus trajes blancos de gala y miembros destacados de la sociedad guatemalteca, militares, directores de ONG, empresarios y ejecutivos de la Empresa Portuaria Quetzal.

A medio kilómetro de distancia, el Puerto de San José languidecía bajo la lluvia tupida y constante que desde hacía una semana inundaba la población. Si bien existió la intención de que algunos de los más de 600 marinos a bordo de los buques canadienses realizaran algún tipo de ayuda comunitaria en las zonas anegadas, la acción no se realizó por el difícil estado de los caminos. Sin petulancia alguna, pero tratando de aclarar el motivo del viaje de la pequeña flota canadiense por algunos puertos importantes de Latinoamérica, el capitán John Tremblay comentó a la prensa, momentos antes de atender la reunión, que el motivo del viaje “no era con fines de caridad”, sino para realizar intercambios con otras marinas del continente.

Quedaba claro entonces que la celebración de una recepción bajo aquellas circunstancias de calamidad a su alrededor no era culpa de nadie. La tormenta sólo se había atravesado en su ruta.  El Primer y Tercer Mundo rara vez chocan entre sí.  Si mucho se llegan a rozar, como esa lluviosa tarde en el puerto del Pacífico. 

Pero no es en encuentros fortuitos como este donde el país puede acudir a la comunidad internacional para pedir ayuda.

Mañana, en la Conferencia Internacional de Cooperantes para la Reconstrucción con Transformación de Guatemala, será el momento.

El país ante la comunidad internacional

En los cinco meses que van de estación lluviosa, han existido pausas de días soleados, cuando muchos se preguntan si su vivienda o la carretera por la que transitan podrá resistir el próximo coletazo del invierno. Si bien el país se ha visto afectado en años anteriores por tormentas y huracanes como Mitch o Stan, ha sido en la actual temporada cuando más se ha adjudicado al cambio climático la sucesión de desastres.

“Este ya no es un tema de biólogos o ambientalistas, es planetario y hay que aprender a adaptarse”, dijo durante una reciente reunión sobre el tema Óscar Pérez, gerente de Gestión Ambiental de Cementos Progreso. Aprender a adaptarse se ha convertido en una frase llena de significado para Guatemala. Y es que el país necesita dar una mejor respuesta, “más técnica y más concertada entre los sectores al problema”, sentencia Mauricio Valdés, coordinador residente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Esta institución precisamente acompañará mañana al gobierno de Guatemala durante la Conferencia Internacional de Cooperantes para la Reconstrucción con Transformación. En esta reunión se espera no solo promover el respaldo político internacional para países que sufren las consecuencias más devastadoras de los extremos climáticos, sino además que, según explicaron desde el PNUD en una entrevista por correo electrónico, “se podrían anunciar importantes recursos frescos de cooperación internacional para la reconstrucción y la adaptación y mitigación ante el cambio climático”.

Adicionalmente a la buena noticia de lo que podrían significar esos “recursos frescos” para la reconstrucción del país, tanto el organismo de Naciones Unidas como el Banco Mundial (BM), que también estará presente en la conferencia, coinciden en que para los países donantes es vital que Guatemala presente una visión consensuada de su compromiso con la mitigación de los efectos del cambio climático. “Y sus planes sobre la reducción de sus propias vulnerabilidades, especialmente en el campo social”, menciona el PNUD.

¿Deberían autorizarse los bonos de reconstrucción como requisito previo a solicitar la ayuda internacional? Si bien la conferencia no pretende interferir en un debate que compete a los guatemaltecos, según el representante del PNUD, “sí existe la expectativa de la comunidad internacional acerca de que el país realice una contribución adicional a los esfuerzos ordinarios para su propia reconstrucción”.

Ante la misma pregunta, César León, del BM, aclara que luego de un desastre, muchas cadenas productivas, servicios comerciales, de educación y salud “se ven interrumpidas” por daños en infraestructura.  La representante del BM en el país, Anabela Abreu, mencionó que la mitad de las pérdidas económicas asociadas a fenómenos naturales adversos ocurre en el período posdesastre.  Para restablecer el funcionamiento de los servicios básicos lo más pronto posible luego de un desastre natural, “la disponibilidad inmediata de fondos es crucial”, dice Abreu.

Verdadera responsabilidad social empresarial

A mediados de septiembre, docenas de poblaciones de la Costa Sur se inundaron.  Al avanzar sobre la ruta de la bocacosta, entre Escuintla y Suchitepéquez, comienzan a observarse cuadros cada vez más tristes. Son las consecuencias de la lluvia. Se ve, por ejemplo, cómo un grupo de comerciantes palea maíz sobre el asfalto de la carretera, intentando así secarlo al sol. “Tratamos de salvar algo. Antes sacábamos 90 quintales por manzana, ahora no llegamos a 20”, hace cuentas Edwin Cardona, uno de ellos.

Para los habitantes de la ciudad, acostumbrados a regirse por la lógica de la siembra y la cosecha, que la tormenta Agatha sucediera al comienzo de la estación lluviosa pudiera parecer un detalle sin importancia. En la Municipalidad de Nueva Concepción, Escuintla, Mario Ochoa, coordinador de la Conred, lamenta cómo Agatha, a diferencia de Mitch y Stan, ocurrió a comienzos del invierno, sin darles tiempo a levantar sus cosechas. Ochoa cuenta que gracias al Programa Mundial de Alimentos (PMA), la Fundación Castillo Córdova y el Ministerio de Agricultura, pudieron llevar alimentos en 16 comunidades.

Al adentrarse en pueblos inundados como Santa Ana Mixtán, Escuintla, se  observa al ganado en condiciones deplorables. De pie entre matorrales anegados, escuálido y resignado a no comer.

En esos días, el presidente Álvaro Colom y su esposa Sandra Torres visitaron el lugar, prometiéndoles proyectos de techo mínimo y levantar de nuevo la escuela; aun así, el ánimo en los albergues estaba por los suelos.

“Están deprimidos”, menciona Éric Cordón, un médico que trabaja para el Fondo de Población de las Naciones Unidas, Unfpa. Parte de la frustración se debía a que durante los 40 días posteriores a Agatha el pueblo entero se había volcado en acarrear costales llenos de arena para reforzar el bordeo del río Coyolate, lo cual fue en vano, porque el río de nuevo se desbordó.

Cordón coincide con la mayoría de pobladores en que el culpable no es sólo el cambio climático. Según visitas de campo realizadas por diversas agencias del Sistema de Naciones Unidas, y mencionadas por el PNUD en la entrevista, al preguntar a los pobladores sobre las inundaciones, respondieron que eran frecuentes y sucedían todos los años. La principal razón, dijeron, era que “desviaron el cauce de los ríos para poder hacer el riego en los cañaverales y no se han construido los bordos adecuados para evitar que se desborden cuando llegan las lluvias”.

En la entrevista, el PNUD mencionó que la lección por aprender es clara: “Debemos asegurar que las decisiones que se toman para mejorar la productividad no generen vulnerabilidades.  El Estado debe velar porque se cumplan las normas para disminuir las vulnerabilidades y el riesgo”.

Ante una reunión como la que se realizará mañana, en la que el país deberá mostrar su mejor cara ante la comunidad internacional para explicar cómo piensa encarar el reto de la “reconstrucción con transformación”, ¿qué piensan los donantes sobre la forma en que el Estado –o la iniciativa privada- han gestionado el desarrollo en el área más vulnerable del país, la rural? “Es importante atender a este grupo de la población y ampliar sus oportunidades de desarrollo.

Tomarlos en cuenta y darles participación en el manejo de riesgo por desastres”, menciona Abreu.

El cambio climático es la consecuencia global más grave de la inequidad medioambiental, afirma el primer capítulo de la Evaluación Global sobre la Reducción del Riesgo de Desastres 2009. Y agrega que ha sido provocado “por las emisiones que han beneficiado a personas y sociedades ricas y ha perjudicado a las más pobres”.  Quizás haya llegado el momento de empezar a cobrar.

Cifras

US$85 - millones ha aportado el Banco Mundial al país luego de la tormenta Agatha y la erupción del volcán de Pacaya.

100 -     obras entre puentes y carreteras podrían rehabilitarse con esos fondos.

Q523 - millones suman las pérdidas a la agricultura, según la Cámara del Agro

El contenido de las noticias que se presentan en esta sección es responsabilidad directa de las agencias emisoras de noticias y no necesariamente reflejan la posición del Gobierno de México en este u otros temas relacionados.

    

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