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Sólo hay tres respuestas al cambio climático: mitigar, adaptarse o sufrir

Guatemala
Diario de Centro América
14/10/2010
Agustín Ortiz / Dca

Antonio Hill, consultor de Oxfam  y experto internacional en Cambio Climático

El cambio climático es la alteración significativa del nivel general de temperatura del planeta. Puede derivarse de causas naturales, pero la mayor incidencia es de la actividad humana, principalmente por las emisiones que generan gases de efecto invernadero, que recalientan la atmósfera al no dejar que el calor que entra del sol se escape y producen así incremento de la temperatura promedio de la Tierra y de las cantidades de dióxido de carbono en los mares (acidificación).

¿Por qué debe preocuparnos el cambio climático?

Básicamente lo que se ha previsto y ya se ha empezado a observar es un proceso de cambio que no se había visto desde que el ser humano vive de la agricultura o desde que existen las civilizaciones. No se había experimentado un cambio drástico al que se avecina como resultado de este proceso.

¿Qué implican esos cambios?

Son una gran amenaza para todas las actividades humanas, pero sobre todo para la sobrevivencia. El problema es que los países que son los mayores responsables de esta situación son los menos vulnerables, y, al contrario, las sociedades que tienen menor contribución en las emisiones son los que más van a sufrir.

¿Tenemos, acaso, una oportunidad ante lo inminente?

Hay tres alternativas. La primera es mitigar, es decir, evitar que siga aumentando el problema; la segunda es adaptarnos; y la tercera es sufrir las consecuencias. En la medida que mitigamos, minimizamos la necesidad de adaptación y del sufrimiento que ello puede provocar.

¿Cómo hay que proceder?

En el ámbito internacional, primero se debe priorizar, mitigar el cambio climático, revirtiendo las emisiones; y segundo, ayudar a recompensar a esos países más vulnerables apoyando su adaptación, es decir, tomar medidas preventivas para evitar peores consecuencias.

¿La adaptación no tiene vuelta de hoja?

En este momento, sobre todo en países como Guatemala, debe ser la prioridad. Hemos visto que uno de los mayores problemas es la falta de prevención de desastres en condiciones normales. De ahí que el reto no solo es institucionalizar respuestas para los efectos que ya se ven, sino prepararse ante niveles no vistos.

¿Aún tenemos tiempo?

Sí. La temperatura global aumentó hasta 0.8 grados centígrados y se prevé que a pesar de lo que hagamos subirá al menos a un grado. Los científicos advierten un umbral entre 1.5 y dos grados, donde ya el cambio climático toma un impulso por sí mismo y no habrá nada que hacer, pues de ahí ascenderá a seis grados, que significa la imposibilidad de vida en la Tierra.

¿Qué se está haciendo al respecto?

Los países responsables y con mayores condiciones para tomar acciones para reducir las emisiones, como Estados Unidos, la Unión Europea, Japón, Australia o Canadá, no se han comprometido en el grado necesario. Han prometido tomar el liderazgo y cumplir metas de reducción de emisiones, pero en este momento no han cumplido en su justa parte.

¿En qué han apoyado?

Se han visto algunos avances en transferencia tecnológica y capacitación a países como Guatemala, pero todavía hay preocupaciones de que esos recursos sean adicionales a sus compromisos en materia de cooperación al desarrollo humano, que ahora, con el cambio climático, se tornan más necesarios.

¿Se ha estimado cuánto se necesita?

En la última Conferencia Marco de las Naciones Unidas del Cambio Climático de Co¬¬penhague 2009, los países industrializados se comprometieron a transferir US$30 millones entre 2010 y 2012 y después a movilizar US$100,000 millones por año hasta antes del 2020. Pero Oxfam ha estimado que las necesidades reales son el doble, o sea, US$200,000 millones anuales, tanto para mitigación como para adaptación.

La Conferencia de Cancún está a las puertas. ¿Cuál debería ser el logro más importante?

Hay un desacuerdo entre los países sobre si lo que se está negociando debe ser un nuevo protocolo o instrumento vinculante bajo el derecho internacional o simplemente un acuerdo voluntario, como el de Copenhague, sobre cómo financiar los esfuerzos de mitigación y adaptación. En Cancún se debe asegurar la continuidad de las negociaciones porque nadie espera que para entonces se concluya sobre la naturaleza y la forma del acuerdo.

El contenido de las noticias que se presentan en esta sección es responsabilidad directa de las agencias emisoras de noticias y no necesariamente reflejan la posición del Gobierno de México en este u otros temas relacionados.

    

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